Santiago Londoño Uribe
es un soñador con los pies en la tierra.
Nacido en la ciudad de Medellín, en una familia de tradición paisa llena de historias y libros. Crece bajo preceptos de igualdad y humanismo en un ambiente acogedor y cargado de respeto por la diferencia, que lo llena de valores y conciencia, tanto de la existencia del otro como de la suya propia.
Hijo de padres humanistas llenos de pasión por la vida y el trabajo, Santiago se desarrolla con fundamentos sólidos de preparación académica, sentido social y responsabilidad por sus propios actos.
Su educación formal tiene lugar en una institución de corte liberal, pluralista con fuerte énfasis en lo científico técnico donde no faltó la exaltación de condiciones humanísticas que le marcarían profundamente. Allí adquiere un gusto duradero por la literatura, por la historia, por la psicología, por la geografía y sobretodo por la filosofía que se vio profundizado por su íntima relación con la biblioteca familiar. De igual manera sus años allí le enseñaron que el rigor, la disciplina y el conocimiento son siempre herramientas fundamentales ante lo desconocido de la vida y ante la ignorancia humana.
En estos espacios sociales e íntimos en los que se fue desarrollando su vida, se da el encuentro con sus dos grandes pasiones, la justicia y la política; Pasiones que se despiertan con la lectura y la dura experiencia que trae el crecer en Colombia en un momento histórico en el que la defensa de los derechos humanos y la expresión del disenso se convierten en una osadía. Empieza a estudiar Derecho en la Universidad de Los Andes en julio de 1991 en donde encuentra un ambiente intelectual amplio y acogedor. Allí puede saborear de primera mano el nuevo proyecto de sociedad que empezaba a hacer carrera con la Carta del 91.
Derechos Humanos, Tutela y Régimen Político con los profesores Carlos Gaviria D., Manuel José Cepeda y Vladimiro Naranjo; Derecho Romano y Civil con Eduardo Alvarez Correa y Ciro Angarita; Derecho Penal con el Vicefiscal Adolfo Salamanca, Derecho Administrativo con Felipe de Vivero. A lo largo de su carrera universitaria, las materias que despiertan su mayor interés resultan ser sin duda todas aquellas ligadas al Estado y su relación con los ciudadanos: Constitucional, Administrativo e Internacional.
En 1995 y como desarrollo del programa de Opción Colombia, por medio del cual los estudiantes de últimos semestres podían trabajar en el sector público municipal, es nombrado Inspector de Policía de Jardín Antioquia. Allí es responsable de manejar el orden público y servir como juez de contravenciones bajo la Ley 23 de 1991 o de Descongestión de Despachos Judiciales. Como complemento a estas labores diseña e implementa un programa de descentralización de la Inspección, haciendo presencia en las veredas rurales. La figura central de esta iniciativa fue el Programa de Formación en Derechos Humanos por medio del cual ayudó a concientizar a la población de las áreas rurales sobre los derechos humanos y sobre los mecanismos para su promoción y protección.

A finales de 1995 en ejercicio del año de Judicatura, es nombrado Asistente del Despacho del Consejero de Estado con funciones en la Relatoría de la Corporación. Esta experiencia le permite acercarse a los principios bajo los cuales funciona el Estado colombiano y entender desde la práctica cómo se modela la relación entre éste y el ciudadano en temas como orden público, salud, educación, impuestos, regulación, temas electorales, obras públicas, etc.
En 1996 hace parte del equipo que representa a Colombia en el Simulacro de la Corte Internacional de Justicia Philip C Jessup Internacional Law Moot Court Competition, que se realiza (cada año en Washington D.C.). En este evento equipos de estudiantes de más de 50 países presentan un caso hipotético ante un tribunal bajo normas del derecho internacional.
Al finalizar la Universidad regresa a Medellín, donde además de su trabajo en la Dirección Jurídica de la Federación Nacional de Comerciantes – FENALCO Antioquia, empieza a estudiar Filosofía y Letras en la Universidad Pontificia Bolivariana. Su trabajo en FENALCO se convierte en una escuela extraordinaria, dándole la oportunidad de trabajar directamente por el gremio de los comerciantes de Antioquia y profundizar la relación entre el Estado y los particulares, tal y como ya lo había hecho en el Consejo de Estado. Es allí donde por primera vez tiene una relación directa y cercana con el Concejo de Medellín. Durante su última etapa como asistente de la Dirección Jurídica se encarga de la relación entre el gremio la administración municipal y el Concejo. Discute proyectos como el POT y el de promoción de la cultura entre otros. Esta experiencia le deja como legado más importante la certeza de que el trabajo mancomunado entre el sector privado y el sector público es una condición sine qua non (sin la cual) para la búsqueda y la consolidación de sociedades más legítimas, más justas y mejor preparadas para el enfrentar el futuro.
A finales de los 90’s. decide aprender una nueva lengua y profundizar en sus estudios. Tras ocho meses en Francia se traslada a Londres para empezar una maestría en Derecho Internacional Público. Su principal motivación es adentrarse en el Derecho Internacional, motivado por la certeza (y esta es una convicción que aún le acompaña), de que el aislacionismo y el ensimismamiento con que los colombianos enfrentamos algunos de nuestros mayores problemas (conflicto armado, derechos humanos, economía), ha sido un factor importante en su profundización y en nuestra incapacidad de solucionarlos. A pesar de saber que las soluciones no están afuera, cree que una mirada internacional, comparada y que toma cierta distancia, puede dar nuevas y mejores herramientas para analizar la realidad, permitiendo combinar las vivencias y conocimiento propios con los ajenos para una eventual solución. Durante tres semestres toma cursos en Derechos Humanos en Países en Desarrollo, Ley del Conflicto Armado, Derecho Penal Internacional y Ley y Teoría Social. Su experiencia en Londres coincide con varios hechos como los diálogos de gobierno Pastrana con las FARC, la consolidación de los tribunales penales internacionales de la Ex Yugoslavia y Ruanda y la detención de Augusto Pinochet con fines de extradición a España.
Es en ese ambiente internacional con multiplicidad de ideologías, religiones y formaciones académicas donde tiene la suerte de liderar la Sociedad de Estudiantes Colombianos de London School of Economics. En desarrollo de sus labores es cofundador de “Convivium”, publicación oficial de la Sociedad. Organiza varios eventos académicos con expositores como Eduardo Posada Carbó y William Ospina, quienes buscaban compartir aspectos de la realidad colombiana con la comunidad universitaria.
A su regreso al país se vincula con La Universidad EAFIT en la Ruta de Estudios Políticos y más concretamente en el curso “Problemas Mundiales y Colombianos”. Para el mismo prepara un discurso pedagógico en el que se combinan la historia, la teoría política y los estudios internacionales comparados alrededor de problemas concretos como el conflicto armado, la participación y la representación política, el tráfico ilícito, el medio ambiente y el derecho internacional.
Como profesor de planta lidera el equipo de trabajo que diseña, estructura, sustenta y pone en funcionamiento la carrera de Ciencias Políticas adscrita al Departamento de Humanidades. Esta experiencia no sólo le permite adentrarse en todo el espectro académico que compone el mundo de la política sino que es ante todo un ejercicio de concertación y trabajo en comunidad con otros departamentos académicos y otras escuelas dentro de la universidad. En la carrera se desempeña como titular de cursos como: Problemas Latinoamericanos y Colombiano III y IV y recientemente de Régimen Político Colombiano y Derecho y Sistema Político Internacional en la Escuela de Derecho.
En el año 2004 permanece en EAFIT como profesor de cátedra y empieza a trabajar tiempo completo en la empresa familiar en donde ya venía haciendo presencia desde 1998 en la Junta Directiva. Allí sus labores giran alrededor de los procesos administrativos, comerciales y de calidad, estando al frente de la certificación ISO y de la transformación administrativa de la empresa. De esta experiencia le queda el convencimiento de que un proceso de transformación debe ser siempre bien fundamentado, expuesto con pasión, concertado con los titulares y con los afectados y ejecutado con transparencia y políticas claras.
En su trabajo con la comunidad, hace parte de importantes fundaciones como Miembro de Consejo Directivo de la Fundación Amigos del Chocó (Amichocó) y Miembro de Consejo Consultivo de la Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (CINDE).
Santiago Londoño Uribe es un fiel creyente de que la actividad política, en el más amplio de sus sentidos, debe desembocar en la construcción concertada, honesta y estructurada de una mejor sociedad en donde los seres humanos como ciudadanos, concientes de sus derechos y sus deberes sociales, puedan buscar su felicidad sin la necesidad de violentar al vecino.
La política, para él es fundamentalmente y ante todo un ejercicio de visualización:
“Un político tiene que ser un visionario. Nunca un visionario en el sentido profético ni mesiánico pero sí en el sentido analítico-propositivo. Un político debe tener el valor de analizar y cuestionar su aquí y su ahora para imaginarse una sociedad mejor. Esta visualización debe ser valerosa por cuanto las responsabilidades y los riesgos involucrados son inmensos pero a la vez tiene que ser humilde, profundamente humana y siempre contextualizada. La visión de una mejor sociedad que desemboca en la persecución, el destierro o la muerte envilece a su gestor y destruye sus lazos con los demás asociados”.





















