La vocación económica de un territorio es siempre el resultado de una combinación de factores. El perfil, el alcance, las fortalezas y los atributos competitivos de una ciudad o región dependen, entre otros, de aspectos culturales, geográficos, demográficos, históricos, sociales y políticos. La historia nos demuestra cómo grandes civilizaciones y avanzadas poblaciones han surgido y se han desarrollado como centros de comercio, industria, cultura, conocimiento y ciencia a partir de particularidades, condiciones y, claro está, decisiones. Las razones que los han llevado a ser líderes en sus respectivos campos siempre son variadas y cambiantes. Tan variadas y cambiantes que el tema de la vocación económica de las ciudades y territorios nos muestra muy a menudo como por cambios en el entorno y/o por decisiones propias, las fortalezas y ventajas de antaño se pierden y en ocasiones desembocan en crisis, pérdida de influencia y, en algunos casos extremos, en la desaparición misma de la civilización.
Ciudades porteñas (marítimas y fluviales), poblaciones de paso entre productores y consumidores, pueblos mineros, centros de producción industrial, civilizaciones insulares y centros dedicados al conocimiento, la cultura y la religión, todos han tenido su momento de grandeza y de poder político y económico. Este liderazgo ha dependido tanto de sus ventajas comparativas (las que se derivan de la naturaleza o el entorno) como de las ventajas competitivas (aquellas que se basan en capacidades creadas y en nuevas maneras de aplicar las tecnologías, el conocimiento y la información). La primeras dependerán de aspectos geográficos, geológicos y climatológicos principalmente, las segundas de decisiones políticas, sociales, económicas sostenidas; basadas en estudios técnicos, en la priorización de recursos y sobre todo en la voluntad política.
A lo largo de sus más de 300 años de historia, Medellín ha demostrado una gran capacidad para transformarse y acoplarse a los tiempos, los patrones y las nuevas apuestas. Desde colonia agrícola y aldea de paso entre la capital Santa Fe de Antioquia y las minas del nordeste en sus primeros años, pasando por el fortalecimiento económico con Mon y Velarde, la independencia con el ilustrado y aguerrido Don Juan del Corral hasta su papel de ciudad regente de la caficultura y gran dinamizador del Ferrocarril de Antioquia. Con el “republicanismo”, a principios del siglo XX los políticos- empresarios o empresarios- políticos rompen con el autoritarismo de excepción de Reyes y compaginan el Estado de las Leyes con el desarrollo económico. Viene luego la industrialización acelerada, la generación de energía a gran escala, la urbanización y la consolidación de una clase proletaria activa y proactiva. La fundación, fortalecimiento, consolidación y expansión de las Empresas Públicas de Medellín, la apuesta por el sistema de transporte masivo y el nacimiento de un sector de servicios ágil y competitivo.
El esfuerzo conjunto de los sectores público, privado y académico permitió no sólo que se dieran las transformaciones antes mencionadas sino que la institucionalidad, en el sentido amplio del término, resistiera, a pesar de pérdidas considerables y lunares visibles, los embates de esa violencia profunda y explosiva que representó el narcotráfico de los años 80 y 90.
Nuestra ciudad, no obstante, llega a los primeros años de este siglo XXI con varias asignaturas pendientes. En un contexto globalizado, con movimiento de materias, mercancías, información y personas, con un espacio vital cada vez más limitado y costoso y con su condición de mediterránea exacerbada por la voraz competencia de países cercanos y lejanos, nos corresponde entonces tratar de visualizar cómo seguiremos siendo una ciudad líder, que compita, que cree empleo, que fortalezca tejido social, que eduque y que siga mejorando la calidad de vida de sus ciudadanos y ciudadanas de manera responsable y sostenible.
Las acciones que resulten de ese proceso de proyección deben tener dos objetivos ambiciosos pero imprescindibles. Por un lado debemos acercarnos físicamente a los mercados y romper con esa histórica falencia que hace que sea tan complicado competir para nuestros productores allí donde está la demanda. En ese sentido proyectos como el de Autopistas de la Montaña, aprobado este pasado mes por el Concejo de Medellín, le permitirá al municipio invertir en 900 kms de dobles calzadas en nuestro departamento acercándonos a mercados internos e internacionales y aportando al desarrollo de nuestra región circundante. Pero debemos ser concientes, honestos y responsables pues mientras nosotros acá intentamos hacer en el año 2010 lo que muchos otros hicieron desde las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado, otras ciudades y regiones están ya apostándole a posibilitar las condiciones de las sociedades del conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación. Tanto las clásicas economías desarrolladas como las nuevas economías dinámicas han entendido que las ventajas competitivas basadas en el saber, la investigación y las nuevas tecnologías serán la clave en un mundo que ha concentrado la manufactura en economías de gran escala y bajo costo como China.
Medellín debe, sin desconocer su arraigo industrial pero consciente de la importante presión urbanista, fiscal y de costos de producción que ha sufrido este sector en los últimos años, empezar a dar los pasos y a tomar las decisiones estratégicas que le permitan ir apuntando hacia la sociedad del conocimiento y las nuevas tecnologías. El sector educativo (inicial, secundario y superior), las agremiaciones de empresarios y el sector público (tanto el diseñador de políticas públicas como el ejecutor) deben desde ya acordar una agenda de trabajo para iniciar el camino. En este sentido consideramos que el proyecto denominado “Manzana del Emprendimiento y la Innovación ”, aprobado por el Concejo Municipal en pleno en el Plan de Desarrollo 2008-2011 y del cual ahora somos Coordinadores de Ponentes es un primer paso en el sentido correcto. El triunvirato Municipio-EPM-UNE puede ser el catalizador y detonante que esta nueva apuesta necesita y los 70,000 millones de inversión inicial un mensaje claro de compromiso y de seriedad.
Esta nueva apuesta no será facil, ni estará exenta de retos y problemas. Para empezar la aceptación de la tecnología, la innovación y la investigación son el resultado de esfuerzos sostenidos y voluntades férreas. No se innova por decreto ni se aprovecha las herramientas tecnológicas por obligación. Necesitamos un cambio cultural, discursivo y de prioridades. Necesitamos un sistema educativo que fortalezca el aprender a aprender, necesitamos que la cultura digital (autogestión, redes sociales, software libre, colaboración, productores-consumidores) sea incluyente, audaz y democrática. Tenemos que estar a la altura de los nuevos retos y construir futuro a partir de ese pasado exitoso.
























